23 oct 2010

Haber chicas a veces me parece que muchas de nosotras nos ocupamos demasiado en proyectar un futuro sin siquiera estar seguras de si les convence el presente. Y no me digan que no es así.

    Cuando conocemos a un chico, lo primero que hacemos es ver cómo quedan nuestros nombres junto al apellido de él, imaginamos si nuestros hijos serían lindos y ver si tiene un futuro laboral interesante como para, en un tiempo, comprar un departamento en Palermo juntos. Enseguida lo vestimos de novios, le hacemos un lugar importante en nuestra cabeza y hasta nos aprendemos los horarios de sus actividades.

    Y recién después de planear cuidadosamente cómo se lo vamos a presentar a mamá empiezamos a conocerlo. Y, claro, a veces la realidad no es tan perfecta y vienen las decepciones. Al final, él es un pirata, tiene un humor de mierda, no contesta los mensajes de texto y termina siendo… UN FLACO COMO CUALQUIER OTRO.

    ¿Cómo termina todo? Nosotras llorando con un balde de pochoclos, un chocolate tamaño biblia y dos litros de gaseosa light, preguntándonos por qué "ya no hay hombres". Nuestras amigas escuchando por decima cuarta vez la misma historia y repitiendo frases tipicas como "él no te merece" o "es un tarado, cuando se dé cuenta de que te perdió se va a querer matar". ¿Les suena conocido el episodio? Seguro que sí, ¿o nunca pusieron primera con un flaco y se terminaron dando la cabeza contra la pared sin tener ni idea de qué fue lo que pasó?

    Además, entre nosotras ¿Para toda la vida? Chicas, si no nos gusta usar el mismo vestido dos fiestas seguidas, ¿cómo vamos a hacer para bancarnos al mismo flaco mes tras mes?

   Mi consejo: vean primero el árbol y recién después el bosque, ¿no les parece?